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Tips de Hidratación: Cuando se puede no tomar


Jueves, 26 de Agosto, 2010

Correr es sin dudas una actividad que se desarrolla contra el reloj.trigo

 Si  entrenas para mejorar sus tiempos y sos un corredor de pista, digamos de 5 o 10 mil metros,  posiblemente unos pocos segundos que pierdas en una competencia de estas distancias puede hacer una diferencia importante. En este caso debido a la duración de la prueba, que puede estar en menos de 20 ó 40 minutos y a la intensidad del ejercicio, no necesitará o le será casi imposible hidratarse durante la competencia. Una buena noticia es que simplemente no tendrás tiempo como para que la deshidratación sea tan intensa y afecte su rendimiento (a menos que estés ejercitándote en un medio muy caluroso y/o  suded demasiado). Sin embargo, usualmente los entrenamientos para estas distancias son más prolongados (y fraccionados), por lo que no debes descuidar tu hidratación en la preparación para estas carreras. Igualmente, debés asegurarte de llegar bien hidratado a la prueba ya que si bien podés “perder tiempo” tomado líquidos tampoco tendrás muchas oportunidades para hidratarte, bien sea por acceso a las bebidas o la velocidad de la competencia. Para distancias más largas, o corredores más lentos, la pérdida de fluidos a través del sudor produce una reducción progresiva del rendimiento que le podría hacer reducir su paso de una manera más importante que el esfuerzo que hará en acercarse a la estación de hidratación.

Hidratación: Sé conciente de lo que transpirás


Lunes, 9 de Agosto, 2010

Si salimos a trotar media hora pasa a ser un tema secundario, pero cuando nos preparamos para una carrera de largo aliento, la hidratación pasa a ser un tema fundamental para que tu rendimiento sea el adecuado.

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Kid_Runner-Bib_on_BackSi bien el volumen de ingesta de líquidos durante el ejercicio debe ser cercano a la cantidad de transpiración que se pierde durante él, los humanos somos muy malos estimado la cantidad de sudor que producimos durante la carrera. En un estudio reciente, a un grupo de 18 corredores experimentados después de 16Km se les pidió que estimaran la cantidad de sudor producido y esto fue comparado con sus pérdidas reales (Passe y col, 2007); en este caso subestimaron la pérdida de sudor en un 43 %. Es decir, creyeron haber perdido 0,99L cuando en realidad la pérdida fue de 1,83 L. Lo que esta investigación demuestra es que la única forma de conocer cuánto sudor perdemos en cada entrenamiento es registrando las diferencias de peso antes y después, ya que la percepción no es un indicador confiable de esta variable y esto deja tu hidratación al azar.
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Consejo: Medí tu peso corporal antes y después del entrenamiento, ésta es una de las mejores herramientas que tienes para estimar cuánto líquido necesitás durante el ejercicio. Si perdés 1 Kg de peso en una hora de carrera, eso equivale a la pérdida de 1 Litro de sudor. Por lo tanto, la idea es hacer tomas fraccionadas para tratar de beber un volumen
equivalente a esas pérdidas.

Alimentos funcionales: ¿aliados de tu salud?


Miércoles, 28 de Julio, 2010

Desde hace ya algunos años han proliferado en los medios de comunicación y en las estanterías de los supermercados gran variedad de alimentos que prometen un sinfín de beneficios para nuestra salud: son los alimentos funcionales. Los alimentos funcionales nacen con el desarrollo del conocimiento de la enorme relación que existe entre nutrición y salud, y de su interés por parte de los consumidores. Se consideran alimentos funcionales aquellos que proporcionan un efecto beneficioso para la salud, mejorando alguna función de nuestro organismo, más allá de su aportación nutricional básica. Según el International Life Science Institute (ILSI) “un alimento funcional es aquel que contiene un componente, nutriente o no nutriente, con efecto selectivo sobre una o varias funciones del organismo, con un efecto añadido por encima de su valor nutricional y cuyos efectos positivos justifican que pueda reivindicarse su carácter funcional o incluso saludable”.

    

trigo Los alimentos funcionales tienen una apariencia similar a la de un alimento convencional, se consumen como parte de una dieta normal, en las cantidades que se consumirían en la dieta habitualmente y, además de su función nutricional básica, se ha demostrado científicamente que presentan propiedades fisiológicas beneficiosas o que reducen el riesgo de contraer enfermedades crónicas.

      Los alimentos funcionales son alimentos que se manipulan para conseguir algún beneficio extra, ya sea por eliminación, reducción o adición de algún componente, es decir, son básicamente alimentos clásicos que llevan incorporada alguna modificación, que es la responsable de su efecto beneficioso. La presentación de un alimento funcional, tiene que ser como la de un alimento, sin modificar sus características y nunca debe presentarse en forma de cápsulas o comprimidos.
      Muchos se preguntarán: si yo sigo una dieta adecuada, ¿me puedo beneficiar de consumir alimentos funcionales? Seguro que, sin tener conciencia de ello, ya habéis tomado en innumerables ocasiones algún alimento funcional, como una galleta o pan rico en fibra, cereales del desayuno enriquecidos con vitaminas y minerales, o yogures bífidos. Según la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, más del 40% de la población española sigue un modelo de dieta mejorable, a pesar de seguir una Dieta Mediterránea, y cerca del 5% presenta un patrón de consumo con deficiencias graves. Por ello, en colectivos con aportaciones insuficientes de nutrientes o que presenten enfermedades crónicas, el consumo de alimentos funcionales puede jugar un papel clave en el mantenimiento de la salud. Y ¿qué pasa con los individuos sanos que consumen una dieta adecuada? Aquí cabría introducir el concepto de “nutrición óptima” que ha ido desplazando en los últimos años al de “nutrición adecuada”, y donde los alimentos funcionales jugarían un papel fundamental. La “nutrición adecuada” es aquella que aporta los nutrientes suficientes (hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales) para satisfacer las necesidades orgánicas, mientras que la “nutrición óptima”, incluye, además, la potencialidad de los alimentos para promocionar la salud, mejorar el bienestar y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades.

      Por ello,  para responder a la pregunta de si “me puedo beneficiar del consumo de alimentos funcionales”, yo diría que sí, pero siempre atendiendo a las necesidades personales y a las características del alimento funcional. Así, por ejemplo, todos podemos beneficiarnos de alimentos funcionales probióticos y prebióticos, o de aquellos enriquecidos con fibra, vitaminas y minerales, pero es absurdo, y probablemente contraproducente, consumir un lácteo con fitosteroles, si tengo unos niveles de colesterol en sangre normales o bajos, o comprar lácteos o zumos enriquecidos con calcio, si mi consumo de lácteos (y por tanto de calcio) es el adecuado. Y ya, ni hablar de aquellos alimentos a los que se les ha añadido una cantidad mínima e insuficiente de algún componente (por ejemplo, leche con ω-3), que tendrías que consumir dosis imposibles del alimento para conseguir el efecto mencionado.

      No me cansaré nunca de insistir en que la base de la salud debe ser siempre una dieta sana, variada y equilibrada y unos hábitos de vida saludables (entre los que se incluye la práctica de ejercicio físico regular), y que la naturaleza ya nos aporta gran cantidad de alimentos que podrían considerarse funcionales, por sus innumerables beneficios sobre la salud, como son las frutas y verduras, ricas en fibra, vitaminas y potentes antioxidantes (ver post anteriores), el aceite de oliva, rico en acido oleico, que reduce el riesgo de enfermedad coronaria, la hipertensión arterial, el cáncer de mama y otras enfermedades, o el pescado, rico en ω-3, con un papel importante en la prevención de cáncer de mama, enfermedades cardiovasculares, artritis reumatoide y diversas enfermedades inflamatorias. Por lo tanto, los alimentos funcionales procesados deberían complementar, si es necesario y nunca sustituir, una dieta adecuada.
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Texto de Ana González-Madroño
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Fuentes consultadas:
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“Alimentos funcionales. Para una alimentación saludable”. Documento preparado por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria y editado por Corporación Alimentaria      Peñasanta, S.A. (Central Lechera Asturiana)